Historia de la Ropa Interior Masculina - Capítulo 3


El hombre de La Mancha y sus amigos

Durante el período en que el Cid galopaba alrededor de España, la nobleza llevaba pantalones de montar bajo las túnicas que podrían llegar a la mitad de la pantorrilla o un poco más abajo - similar al ajuste perfecto de los mallones de compresión para gimnasio de hoy en día.

Las clases más bajas, sin embargo, llevaban túnicas al nivel de la rodilla con los pantalones sueltos y holgados, similares a los calzoncillos y boxers de la actualidad.

Un siglo más tarde, cuando Genghis Khan irrumpió a través de Europa, nos encontramos con una clase noble cuyos pantalones se habían reducido. (Los historiadores no nos informan si esto fue debido el resultado inmediato de la llegada de Khan o no).

Sin embargo, se encontró con la nobleza de Europa que llevaban boxers invisibles que servían al mismo propósito que los boxers usados por los hombres de hoy en día. Al mismo tiempo, las clases trabajadoras se conformaban con una especie de taparrabos.

Esto era una tira de material, por lo general en la forma de un rectángulo estrecho, que pasa entre los muslos y era asegurado por delante y por detrás debajo de una correa o cadena. A pesar de su forma rectangular, esto fue claramente el predecesor de la tanga masculina de la actualidad.

Casi al mismo tiempo, debido a la rigidez de la armadura era necesario la adición de forros acolchados de lino que servían de protección contra el duro y frío metal. Además, los jinetes vestidos con armadura empezaron a usar taparrabos acolchados. Los historiadores dicen que estos fueron los verdaderos antecedentes de la ropa interior de los hombres desde entonces.

El nuevo Mundo

La túnica comenzó a desaparecer en la época cuando Cristóbal Colón zarpó a su expedición a Oriente. Ésta se transformó en el doblete que era una chaqueta abotonada con un especie de calzón hampón usado por los hombres de su tiempo. Y, es en este momento que vemos las piernas de los hombres y la ropa exterior cada vez más colorida y extravagante.

La parte superior del conjunto era pegada al cuerpo, atada por cordones en la parte frontal - al igual que los hombres de la montaña usarían tres siglos más tarde, retozando el oeste de Estados Unidos.

Tanto los hombres como las mujeres usaban fajas con paneles delanteros en punta rígida. Sin embargo, interiormente, ambos sexos vestían chemises, que es la palabra francesa para "camisas".

Fue a partir de este momento que se presenta ante el mundo lo que se convertiría en la camiseta masculina, la cual también sirve desde entonces como una camisa de dormir para muchos hombres de hoy.

Las prendas exteriores se redujeron en varios lugares, incluyendo las muñecas y el cuello. El propósito era para mostrar selectivamente diversas secciones de las camisetas. Por lo tanto en este momento de la historia, nos encontramos con la introducción de la "ropa interior masculina reveladora y sexy."

El estilo acostumbrado por los hombres de aquél tiempo era el uso de medias  decoradas con bordados e incluso joyas. Las mallas llegaban a la rodilla. Sin embargo, poco tiempo antes, los hombres que montaban con Ricardo Corazón de León llevaban mallas alcanzaban la mitad del muslo por debajo de los hampones calzones. Claramente, estas mallas son las primeras calcetas de hombres.

Las mallas de los hombres posteriores a menudo eran atadas con cintas debajo de las rodillas y por debajo de los pantalones. Estos fueron los precursores de los ligueros decorativos; los cuales eran atados al doblete. En aquel entonces las calcetas eran confeccionadas de lino o de lana y diseñadas para la pierna.

Tejer era poco conocido hasta la época de Isabel I y cuando se introdujo, el liguero tejido mejoró el ajuste. Aunque el elástico aún no se había inventado, el resultado final fue un mejor ajuste que más tarde ayudaría a los suspensorios atléticos, calzoncillos, boxers, trusas, y a las camisetas.

Otro accesorio tejido también aparecería más tarde, concretamente en el actual reinado de la reina Isabel II. Nos referimos a los calentadores de  pierna, fácilmente disponibles y usados ​​durante los ensayos por estudiantes y profesionales de la danza masculina y femenina.

Concha

En el siglo XVI la bragueta de sexo masculino fue dramáticamente evidente. Piense Enrique VIII. Quien, gracias a los diversos retratos pintados por el joven Hans Holbein, es probablemente el más reconocido de todos los monarcas británicos.

La bragueta se inició en esta época como un simple fuelle, de tres picos en la parte superior de lo que se conoce como calzas. Esta era usada en pantalones cortos que llegan a media altura de los muslos.

La bragueta se amplió en una protuberancia de peluche rígido que hizo eco y destacó la forma del órgano sexual masculino. Estas exageradas conchas se utilizaban a veces como un lugar de almacenamiento para las monedas, tabaco o dulces. Un historiador las describió así: "Durante este tiempo toda la población masculina por encima de la edad de tres años parecía estar sufriendo de un caso grave de priapismo".

Atletas masculinos de hoy en día usan el descendiente directo de aquella concha, ya sea sola o con el suspensorio o suspensores, para proteger sus genitales. Un derivado de el mismo también es usado por bailarines y se le conoce como cinturón de danza.

En el mundo del ballet la concha es a veces rellenada con toallas sanitarias femeninas. Esto no sólo proporciona un poco de protección extra para las partes íntimas de los bailarines, sino que también permite la visualización de un símbolo de la masculinidad mejorada para cualquier número de bailarines que necesitan proyectar eso.

Los hombres del Renacimiento también eran conocidos por usar almohadillas para dar cuerpo a sus miembros porque una "buena pierna" se consideraba más deseable.

De este modo, el mencionado Enrique VIII, con su sombrero de plumas, bata ancha de hombros, recortado y doblete decorado, liguero de bordado, encintada bragueta, y protuberante y agresiva concha era la fiel imagen del poder masculino en ese momento.